La contraseña perfecta no existe… pero puedes crear una prácticamente imposible de descifrar

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Cada año se producen millones de ciberataques en todo el mundo y, sorprendentemente, muchos de ellos tienen un origen común: una contraseña débil.

A pesar de las continuas campañas de concienciación, siguen siendo habituales claves como 123456, password, qwerty (distribución de teclado más utilizada en el mundo, llamada así por las primeras seis letras de su fila superior) , la fecha de nacimiento o el nombre de una mascota. Son contraseñas que un ciberdelincuente puede descubrir en cuestión de segundos utilizando herramientas automáticas.

La realidad es que una contraseña continúa siendo la primera línea de defensa de nuestra identidad digital. Protege el acceso a nuestras cuentas de correo electrónico, banca online, redes sociales, plataformas de trabajo, servicios en la nube e incluso a los sistemas de las empresas donde trabajamos.

Pero ¿existe realmente una contraseña imposible de hackear?

La respuesta es sencilla: no existe una contraseña absolutamente invulnerable, pero sí es posible crear una cuya complejidad haga prácticamente inviable que pueda ser descifrada mediante los métodos utilizados por los atacantes.

¿Cómo consiguen los ciberdelincuentes descubrir una contraseña?

Antes de aprender a crear una buena contraseña conviene entender cómo trabajan los atacantes.

Existen diferentes técnicas para obtener credenciales de acceso.

Ataques de fuerza bruta

Consisten en probar millones o incluso miles de millones de combinaciones automáticamente hasta encontrar la correcta.

Cuanto más corta y sencilla sea una contraseña, menos tiempo necesitará un ordenador para descubrirla.

Por el contrario, una contraseña larga y aleatoria puede tardar cientos o miles de años en romperse mediante este sistema.

Ataques de diccionario

En lugar de probar todas las combinaciones posibles, el atacante utiliza enormes bases de datos con palabras comunes, nombres propios, ciudades, equipos de fútbol, personajes famosos y contraseñas filtradas anteriormente.

Por este motivo utilizar una sola palabra del diccionario, aunque incluya una mayúscula o un número al final, sigue siendo una mala idea.

Robo de credenciales

En muchas ocasiones el problema no es que la contraseña sea descubierta, sino que haya sido robada.

Las filtraciones de datos sufridas por empresas provocan que millones de credenciales acaben publicadas en Internet o vendidas en mercados clandestinos.

Si una persona reutiliza la misma contraseña en distintos servicios, los delincuentes únicamente tendrán que probar esas mismas credenciales en otras plataformas para acceder a múltiples cuentas.

Este tipo de ataque se conoce como Credential Stuffing y es uno de los más frecuentes en la actualidad.

Las características de una contraseña realmente segura

Los expertos en ciberseguridad coinciden en varios aspectos fundamentales.

  1. La longitud importa más que la complejidad

Durante años se insistió en incluir obligatoriamente mayúsculas, números y símbolos.

Aunque siguen siendo recomendables, hoy sabemos que la longitud de la contraseña es uno de los factores que más incrementan su resistencia.

Una contraseña de 16 o 20 caracteres ofrece mucha más seguridad que otra de ocho caracteres llena de símbolos.

Como regla general:

  • Mínimo recomendable: 12 caracteres.
  • Muy segura: entre 16 y 20 caracteres.
  • Excelente protección: más de 20 caracteres.
  1. Debe ser completamente impredecible

No utilices nunca:

  • Tu nombre.
  • El nombre de tus hijos.
  • Tu mascota.
  • Fechas de nacimiento.
  • Matrículas.
  • Equipos de fútbol.
  • Series numéricas como 123456.
  • Patrones del teclado como qwerty o asdfgh.

Los atacantes conocen perfectamente estos hábitos.

Tres métodos recomendados para crear contraseñas robustas

  1. Utilizar frases de contraseña (Passphrases)

Actualmente es uno de los métodos preferidos por los especialistas en seguridad.

Consiste en unir varias palabras totalmente inconexas entre sí.

Por ejemplo:

Montaña#27_Café_Azul_Pirámide

Este tipo de contraseña presenta varias ventajas:

  • Es muy larga.
  • Resulta relativamente sencilla de recordar.
  • Tiene una enorme resistencia frente a ataques de fuerza bruta.

Eso sí, conviene evitar frases conocidas, refranes o expresiones populares, ya que también forman parte de muchos diccionarios utilizados por los atacantes.

  1. Crear una contraseña mediante una regla mnemotécnica

Otra opción muy útil consiste en transformar una frase que recordemos fácilmente.

Por ejemplo:

«Mi primer ordenador lo compré en 2005 y todavía lo recuerdo.»

Podría convertirse en:

MpOlcE2005&tlR!

Solo quien conoce la frase original será capaz de reconstruirla.

  1. Utilizar un generador de contraseñas

Si no queremos depender de nuestra imaginación, lo más recomendable es utilizar un generador automático integrado en un gestor de contraseñas.

Estos sistemas crean claves totalmente aleatorias como:

kP9$vF!mQ2_zX9wT

Aunque son prácticamente imposibles de memorizar, ofrecen un nivel de seguridad muy elevado.

El gran error: reutilizar contraseñas

Imaginemos que utilizamos la misma contraseña para:

  • El correo electrónico.
  • La banca online.
  • Netflix.
  • Amazon.
  • Redes sociales.
  • La plataforma de trabajo.

Si cualquiera de esas empresas sufre una filtración de datos, el ciberdelincuente probará automáticamente esa misma contraseña en el resto de servicios.

En pocos minutos podría acceder a toda nuestra identidad digital.

Por este motivo, cada servicio debe disponer de una contraseña única.

El gestor de contraseñas: un aliado imprescindible

Muchas personas piensan:

«¿Cómo voy a recordar cincuenta contraseñas distintas?»

La respuesta es sencilla: no hay que recordarlas.

Para eso existen los gestores de contraseñas.

Estas aplicaciones almacenan todas las credenciales cifradas y únicamente es necesario memorizar una única contraseña maestra.

Además, permiten:

  • Generar claves completamente aleatorias.
  • Rellenar automáticamente formularios de acceso.
  • Detectar contraseñas repetidas.
  • Avisar cuando alguna aparece en una filtración de datos.
  • Sincronizar las credenciales entre distintos dispositivos.

La segunda barrera: la autenticación multifactor

Incluso la mejor contraseña puede verse comprometida.

Por ello, siempre que un servicio lo permita, conviene activar la autenticación en dos factores (2FA) o, preferiblemente, la autenticación multifactor (MFA).

En este sistema, además de la contraseña, será necesario introducir un segundo elemento de verificación:

  • Un código generado por una aplicación de autenticación.
  • Una llave física de seguridad.
  • Una notificación en el teléfono móvil.
  • Un dato biométrico.

Así, aunque un atacante consiga averiguar la contraseña, no podrá acceder a la cuenta sin ese segundo factor.

Las empresas también deben proteger las contraseñas

En el ámbito empresarial, la gestión de credenciales forma parte de las medidas de seguridad exigidas por el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD).

Las organizaciones deberían establecer políticas que contemplen, entre otras cuestiones:

  • Contraseñas robustas y únicas.
  • Renovación cuando exista riesgo de compromiso.
  • Prohibición de compartir credenciales entre empleados.
  • Uso obligatorio de autenticación multifactor para accesos sensibles.
  • Formación periódica en ciberseguridad.
  • Gestión segura de privilegios y accesos.

Una contraseña comprometida puede convertirse en la puerta de entrada para una brecha de seguridad con graves consecuencias económicas, legales y reputacionales.

Conclusión

No existe la contraseña perfecta ni un sistema completamente infalible. Sin embargo, aplicar unas sencillas buenas prácticas reduce enormemente el riesgo de sufrir un acceso no autorizado.

Una contraseña larga, única, aleatoria y gestionada mediante un gestor de contraseñas, combinada con la autenticación multifactor, constituye hoy la estrategia más eficaz para proteger nuestra identidad digital.

En materia de ciberseguridad no basta con reaccionar cuando se produce un incidente. La verdadera protección comienza mucho antes, con algo tan aparentemente sencillo como elegir una buena contraseña.

 

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